sábado, 22 de enero de 2011

Chocolate...

Y bajó a la cafetería con los ojos hinchados y el alma encogida para pedir un chocolate, entrar en calor e inducir el sueño.
- Un chocolate- pidió con voz trémula.
Mientras lo removía, iba ahogando uno a uno los tic tac de su reloj de aquella noche y el sinsabor que deja el insomnio.

Ella se levantó, se sirvió un café y dejó en el primer sorbo lo intangible deseando algun día convertirlo en realidad.

2 comentarios:

JMGarrido dijo...

¿De la elegancia del erizo?...

Rosalía dijo...

Tú si que eres un erizo!! :PP

Insomnio ... asfixia ... malamente nos llevamos, ¡qué te voy a decir!

bsos!